4/10/11

Mujer


Mujer, tu belleza se ve marchita,
¿cuando y por qué
de saborear dejaste
el frescor de la lluvia?
¿cuando te dejaste absorver
por la inerte presencia
de un sol extranjero a tu naturaleza 

de río, de fuente, de manantial?.
¿En qué momento te convertiste
al ateísmo de tu propia fe,
desdeñando con tu no mirar
todo lo que florecía, y florece
por puro placer?
Al igual que la mayoría, me imagino,
caíste en el engaño de la apariencia,

del mando a distancia,
de las imágenes capturadas por un ojo 

que nadie conoce, pero que todo lo ve.
Caíste en el engaño de ese voayeur divino,
que existe a fuerza de nombrarlo,
día a día, hora a hora, pensamiento tras pensamiento,
fracaso tras fracaso.
Bendita omnisciencia, bendita demencia,
muerte al paraíso postergado.
Me imagino que, al igual que la mayoría,
caíste en el influjo de las piedras del camino,
y te abandonaste a la muerte
de lo políticamente correcto,
ahogando los latidos de una vitalidad
que te proponía jugar a lo desconocido,
a lo inexplorado.
Porque tu ser es un terreno de capacidades infinitas, eternas.
Porque tu existencia es un crisol
de experiencias no inventadas hasta tu llegada.
Porque toda tú eres eterna,
porque toda tú eres indefinida.
Porque el amor te pertenece,
y la felicidad, y la participación consciente.
Porque todo te pertenece,
y nada te pertenece.
Porque eres un flujo de contradicción,
porque la vida es contradicción, contraposición,
un vaivén de intereses necesarios. 
Mujer, me gustas por eso,

porque eres igual, y diferente 
al mismo tiempo, 
porque no te conozco, pero se quien eres. 
Porque a veces te reconozco, 
y otras me pierdo, y desando lo andado,
pero siempre aprendo. 
¿Por qué tu belleza se ve marchita mujer,
 cuando y donde lo permitiste?