18/12/11

Realidade Cero con Alejandro Giménez Robres

                                                 ¿Quién canta en las copas de los árboles?

Creen los tigres que los pájaros no muerden
y creen los sordos que el viento no escucha.
Creen los ladrones de la historia
que ésta acaba en un secuestro, limpio, tranquilo, a plena luz del día.
No sabe el tigre que él, en realidad, es un desvalido,
una fuerza inmensa que está sola.
Ellos no tendrán nunca alas, sólo fauces,
ellos nunca tendrán debilidad, sólo fuerza saliendo de sus tripas llenas.
Vuelven los pájaros a las copas de los árboles
y vuelven las olas a besar sus costas,
igual,
igual que antes
igual que siempre
igual que nunca.
Y la fiera, sola en su inmensidad, se inquieta del ruido que viene de los árboles.
Y se pregunta, descolorido prado, luz de luna llena, ¿Qué ocurre en las copas de los árboles?
¿Qué ocurre con el frágil ave?
¿De dónde viene y hasta dónde se atreve?
¿Quién es y de qué se indigna?
- Yo te lo diré, con voz única
- Sal de ahí, maldita ave, ¿quién toma las ramas de los árboles?
¿Quién osa desde esa oscuridad?
- Somos nosotros
- ¿Qué vosotros?
¿Cual vosotros?
¿Por qué vosotros?
- Todos,
todos nosotros.
Somos el rugir del viento y la fuerza incontenible del agua,
somos este verde de vida y la turba que abajo la inicia.
Arriero de Managua,
el enfermo de Babel,
la cura que no inventaste
soldado triste de placer.
Perro callejero de Puno o Arequipa,
el que carga con las piedras en Saigón,
tu limpiabotas de Manila,
de Huelva y del mar el pescador.
Somos el pobre escribano del DF
que sueña, arrojado en sus palabras,
ser pastor cerca de Ketama
o albergar, en su seno, la sabiduría de Potala.
El noble niño que juega en los precipicios de Irlanda,
la madre cavando tumbas en los descampados de Darfur,
el crío de cualquier lado, sólo y olvidado, frente al televisor
Somos cal y somos tierra, somos todo y somos nada.
Igual que nos oyes nos verás,
igual que nos ignoras nos temerás,
del fondo a la superficie nos huirás,
somos los que odias, los que aman,
incluso a tí, si quisieras,
tal vez tu última oportunidad.
No te confundas, pobre tigre, conocemos la verdad.
Sabemos escuchar porque hemos hablado,
sabemos hablar porque hemos escuchado.
Somos el sacrificio de nuestros abuelos y el amor de nuestros padres.
Las horas perdidas de tantos siglos, la esperanza de nuestros hijos.
Tú eres la miseria y nosotros la esperanza.
Somos la alameda a un mundo nuevo,
somos el camino que la cruza
-lo dijo una gran voz, después de un gran silencio-
hacia un mundo mejor.


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