6/1/12

Realidade Cero con Moisés Cañizares


 El último infinito
 
El último infinito:
la ráfaga azulada de aire puro
entre el alfa y el omega...,
la luz hechizada
en donde se derrama la esencia de la vida
--de tanta que hay—,
la aséptica tormenta sobre el rostro
de un arcángel que cimienta pureza,
la lejanía virgen,
el candelabro tallado con carne de Venus
que llamea al lado del reloj parado,
el otro lado...
 
La ciudad en que naciste:
sus hileras de esquinas oscuras,
las velas en un recodo de la acera,
las flores de muertos enganchadas a una alambrada
que evoca desgracia,
las ilusiones rotas,
los rezos que arden en la madrugada
sobre el dolor de la conciencia,
una madre en silencio tras su ventana,
el camello que vende noche rota,
los sicarios al planear el contrato...
El último infinito:
tu trono hecho de amatista púrpura
y jade,
la barba reposada (casi cana),
que acompaña tus eternas facciones,
el sentimiento,
la faz del equilibrio.
 
La ciudad en que naciste:
una niña enamorada,
que lee tu palabra
bajo las sábanas con una linterna y sonríe;
las flechas envenenadas que atraviesan
el corazón de la calle;
el mercado asustado;
la mirada cuchillo del portero de la discoteca
al ver su novia que habla con un chaval de gafas;
los canales de sangre que se esparce
por entre las señales y los cables
donde balbucean fusiles asociados
y lloran los padres;
la mosca en la cabeza,
el hielo que hunde el sentido...
 
El último infinito:
desde donde ves la gloria;
clarines que anuncian
que hoy declamarás un poema;
tu sonrisa,
la voz que brota,
las ninfas que se sientan ante tus rodillas;
un violonchelo que acompaña
y Dios con una lágrima,
que cae por su mejilla al escucharte...
 
La ciudad en que naciste:
la sombra
en la espina dorsal
del mecanismo arquitectónico,
un muerto en plena calle 
--o colgado del puente del lamento--,
el vil asesino
que cobra sus servicios en un almacén,
la mujer degollada por su expareja,
el tiempo con prisas,
los ancianos ausentes,
el policía amenazado...
El último infinito:



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