26/2/12

Realidade Cero con Carlos Carnicero


  Urdangarín dice que reinó en Nóos, pero que no gobernó

 La defensa de Iñaki Urdangarín tal vez sea beneficiosa para él desde el punto de vista penal. Pero deja muy mal parada la institución de la monarquía. Consagra la idea de que quien está suficientemente cerca del Rey de España tiene acceso a las instituciones públicas por su contacto directo con políticos preeminentes. Y carga “el muerto” en un ciudadano común, Diego Torres, que era, según el Duque de Palma, quien pasaba el cepillo y manejaba la caja. Mala interpretación de como puede llegar a funcionar quien está  tan cerca de la familia real española como para pertenecer a ella.
Digamos, por emplear una hipérbole y una analogía, que Iñaki Urdangarín pretende que reinó en la fundación Nóos, pero que no gobernó. Según ha transcendido de las primeras declaraciones en sede judicial del Duque de Palma, él pretende que su papel en las empresas investigadas fue puramente institucional y de representación. Se supone que no por sus conocimientos sino por su capacidad de relación al estar casado con la Infanta Cristina, hija de los Reyes de España. Y que fue Diego Torres el que controlaba todos los aspectos económicos de esas fundaciones y empresas. Y por lo tanto, como se dice en argot, el duque pretende que se “coma el marrón” su socio Diego Torres.
Las revelaciones corroboradas por el propio Urdangarín revelan el uso que realizó de su adscripción a la familia Real. El presidente de Baleares, Jaume Mata, le recibía instantáneamente por ser quien era. Y la Comunidad de Valencia y la alcaldía de la ciudad firmaban acuerdos comerciales inexplicables solo gracias a que el Duque de Palma estaba casado con una hija del Rey de España.

Así las cosas, queda clara cual es la línea de defensa de Urdangarín: él, como miembro de la familia del Rey, abría puertas con supuestos fines altruistas en el desarrollo del deporte. Y su socio pasaba la cuenta y administraba los dividendos. Él pretende un papel conceptualmente “monárquico” en el que su responsabilidad se debiera eludir por ser un mero introductor en papeles institucionales de representación. Admite que cobró por ello buenas sumas de dinero, pero no como consecuencia de operaciones mercantiles que se consideran delictivas, sino por el ímprobo esfuerzo en la utilización de la marca de la monarquía española ante instituciones de la administración que pagaban por ser quien era. ¡Ahí quedas eso!
Puede que desde un punto de vista penal, la defensa tenga recorrido. Siempre y cuando –como condición necesaria pero no tal vez suficiente- que el mencionado Diego Torres asuma el papel de cabeza de turco como el villano que se aprovechó de la imagen que de la Corona proyectaba el señor Urdangarín. Cosas cuasi feudales.
Pero esta decisión del inculpado tiene muchas aristas políticas. Y la primera es correlativa a la siguiente pregunta: ¿Tan rentable puede ser y tan eficaz desde el punto de vista de la consecución de contratos sin control es la pertenencia a la familia real española?
En la literatura clásica hay muchos reyes que pudieron evadir la acción de la justicia gracias a que nobles o personas comunes aceptar cargar con las responsabilidades de sus monarcas. Estos episodios conceptualizaron la idea de que salvar a las instituciones era mucho más importante que erosionar monarquías. Con este planteamiento de defensa, no es fácil que el señor Urdangarín quede libre de culpas, pero es posible. Pero la mancha en la familia real, al aceptar estas hipótesis de defensa por el yerno del Rey, pueden dejar huella para el futuro.
No sé por qué me he acordado esta mañana de Manuel Prado y Colón de Carvajal. Sufrió mucho con las causas judiciales alrededor del asunto KIO. Y siempre aceptó aparecer como el culpable de aquellos delitos. Era, sobre todo, Manuel Prado y Colón de Carvajal monárquico, aristócrata y amigo del Rey. Jamás levantó la mano hacia arriba. Y las cosas quedaron como parece que debían quedar. No sé si se puede establecer paralelismo entre la figura de Diego Torres y Colón de Carvajal. Pero sin duda Iñaki Urdangarín no es para nada el Rey de España. Afortunadamente.