27/3/12

Realidade Cero con Moisés Cañizares


 Infierno

Sucio broto de sangre y nacimiento 
cuando el tifón batía con el cielo.
Extraña noche, aliento del anhelo 
gemía cual el llanto de su acento.
Latía al fin... latía; carne; vida; 
alrededor, infierno consumado; 
inocente mirada, que ya anida 
en llamas del pecado enajenado.
Y ardió su inicio noble sobre el juego, 
quemando nieve virgen con la huella, 
sin saber de la raza que degüella 
(lo humano) con el pensamiento ciego.
Sonrisa que del aire enaltecida,
cercada por la rueda en la celada, 
corría por los campos, abstraída, 
sobre el riesgo que apresa luna alada.
Mas decepción halló en su adolescencia
al saber de la muerte, las miserias... 
el tiempo agrupa lodo en las arterias 
y no hay razón, ni ensueño, ni conciencia.
La extorsión es un ángel que camina 
y, mentira el honor y las creencias; 
el mundo es una ciencia que asesina... 
lo gobiernan las falsas apariencias.
Y la guerra estalló (¡dentro, en sus ojos!): 
de brazos amputados, hiena, escena; 
sabía que era pena sobre pena, 
pues comía cadenas y cerrojos.
Quiso arrancar la niebla de su mente, 
sentir, creer, hacer un universo; 
pero en el ansia herida del demente 
tan sólo pudo hallar la hiel del verso.
No quiso ver la luz de las estrellas. 
Artificial alzó su paraíso, 
con voz, con rabia, con miedo, 
indeciso, escondiendo su genio entre botellas.
Camino de la sombra y el delirio, 
nadie acompañó su nombre destruido...
el campo continuó, su flor, su lirio; 
mas no advirtió su cuerpo consumido.
Vagabundo del halo que sostiene, 
subido al mar, del precipicio, obrado; 
con un dolor rabioso de engañado, 
percibió de la fuerza que se tiene.
La vida es corazón, mente y ceniza 
que aprende del vacío y la amargura; 
nadie podía herir su piel cobriza, 
de hierro era su aullido, y de cordura.
Y tuvo sed de amar la madrugada, 
y de enterrar su marca y su pasado, 
acariciar un árbol, ser la nada, 
dejar su tumba atrás, todo lo atado.




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