23/4/12

Realidade Cero con Moisés Cañizares


Felicidad

Me dicen, se quejan, me gritan “¡no eres feliz!”
 Y la muchedumbre aplaude, 
come aquí en mis vísceras, 
me roba el aire y quiere mi caída. 
Hienas con ojos de madera que compran sus banderas, 
mientras el mundo sigue, y también mi vida.

No saben que soy hijo 
de los muertos pisoteados por las huestes del maligno 
en su desfile de la victoria, 
y de las cartillas de racionamiento. Ni les importa.

Hijo del pueblo: devastado, asustado, mancillado, engañado. 
El pueblo objeto, quimera del destino, ubre sin néctar, 
miseria y desamparo que se teje y se fusila.

No saben que soy la espada de un futuro cercano 
que en sus mentes reflejará 
el desalmado que esconden y el demonio al que rezan 
entre la inmensidad de la apariencia de sus cuerpos.

¡Soy el regalo de la libertad!

En estos momentos alguien sufre y muere 
(aunque también sucede todo lo contrario), 
y yo me preocupo por mi familia. 
¿Soy como debo ser? ¿Sí? ¿No?

Suavemente acaricio en mi cabeza, 
con mano dulce de manzana y brisa, mi tortura. 
¿Es olvido? No sé, pero... 
¿Qué alegría puedo tener? 
Prefiero ser así: Palpable. 
¿Te parece bien?

La hilaridad es enemiga de la conciencia 
cuando estás señalado con el dedo, cuando todo corroe, 
cuando tu pupila conoce, cuando naces poeta.

Te falta la coma, no cuenta, es un poco aburrido. 
¿Y el sentido estilístico? 
Hablo de mi entendimiento, del equilibrio y la muerte. 
¿Qué juzgas?,
¿mi punto y aparte? 
Además, tu cátedra; 
esta sumergida en la extorsión, verbo de todos. 
Eres el campesino sin tierra, 
el obrero esclavizado, la mujer sin voto, 
la herencia de una sociedad clasista 
que sólo permite a los suyos el derecho al saber. 
Un saber que se mide en candelabros de oro 
y hierbas aromáticas.

¿Qué me explicas?, ¿hablas conmigo?

La palabra es una bala 
manchada de tráfico de influencias 
que se hunde en la mente de mi alma, 
entre las cejas; y se adentra hasta el hipotálamo;
y condiciona mis sueños de una madre feliz; 
y, como mucho, 
es una emanación de sonrisa irónica 
en la pálida luz de un siglo tenebroso.

Que fría es vuestra mentira.

Un hombre está temblando: 
¿toca un orbe irreal? ¡Demostradlo!
¿Donde están las universidades de igualdad y justicia? 
¿dónde, el amor verdadero?, 
¿dónde la humanidad comprensiva?, 
¿dónde, la paz?
No veo más que vanidades 
enroscadas a la riqueza, y la ostentación y sus reflejos. 
Así que no me pidáis felicidad. Que yo no la tengo.
Murió cuando exhalé.

Permitidme decir lo que siento, 
a bocanadas de realismo y quejidos secos, 
aunque os duela; 
aunque os rompa vuestra continuidad 
(espejismo de estrellas
sobre la capa de humo que respiramos); 
aunque maldigáis mi voz incorrompible. 
Y haced como yo, hermanos ciegos, 
tened esperanza...¡oh, sí!, esperanza...
 
de encontrarla.




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