9/5/12

Realidade Cero con Noah Lloil (relato) y Ellie Lloil (fotografía)

                    
  La bailarina del lago

Resopló. Las horas en aquella aldea pasaban con demasiada lentitud, comparable
a cuando aguardas tu turno en la sala de espera de un hospital. La única “diversión” que
uno podía hallar en este pueblo aislado era un sinfín de árboles y rocas que formaban
un terreno escarpado. Pero cuando ya llevabas dos días explorándolo toda novedad
y mínima posibilidad de recreo se desvanecían dejando en su lugar un sentimiento
tedioso.
“Es un castigo”, había dicho ella con sus notas, todavía, en la mano, “tal vez dos
meses con tus abuelos te haga recapacitar”. ¡Y una mierda! Ella sabía perfectamente
cuanto odiaba esta aburrida aldea, que tan sólo lograba enfurecerlo más, pero aún así lo
obligaba a volver en repetidas ocasiones. ¿Y con qué derecho lo hacía? Aunque actuase
como una madre ambos sabían que ningún lazo de sangre los unía. Nunca se había
sentido uno más de la familia, ni por un solo segundo.
Resopló de nuevo al pensar en ello. Enfurecido, descargó su ira sobre una piedra
que desapareció en la lejanía, entre las espesas copas de los árboles que bañaban el
bosque.
— Estás enfadado— afirmó una melodiosa voz a sus espaldas.
Rápidamente se giró para hallar al emisor de aquel mensaje, pero en lugar de
eso se encontró con una niebla tan espesa que le impedía ver más allá de dos metros.
Extrañado y con la vaga sensación de que había sido producto de su imaginación se
volvió para continuar su camino.
En poco tiempo llegó a un gran lago de aguas tan cristalinas que los mismos
árboles se reflejaban en ellas como si de un espejo se tratase. Con un suspiro se
desplomó en el suelo a un lado del lago. Aquel lugar lo relajaba.
— Se te ve angustiado— el sonido de la voz melodiosa lo sobresaltó. Pasó su
mirada de un lado a otro en busca del hablante y de nuevo tan solo encontró una neblina
en su lugar—. Aquí— reclamó la voz.
El joven miró al lago. Al ver al ser que había emitido aquellas palabras retrocedió
un poco asustado. Ella tan sólo sonrió.
Sobre el lago se encontraba una mujer sonriente que lo observaba con curiosidad.
Poseía un largo cabello del color de la nieve que hacía juego con su piel pálida. Sus
ojos, enmarcados por largas pestañas blancas, eran de un intenso color zafiro, tan
intenso que parecía mágico. A pesar de sus rasgos afilados la joven poseía una gran
belleza que se intensificaba con la sonrisa placentera que se dibujaba en su rostro.
Pero no era eso lo que llamaba la atención del joven. Ella, de puntillas, flotaba
sobre el lago como si del mismo aire se tratase. No se hundía ni perturbaba el
movimiento de las aguas. Tan sólo se posaba en ellas sin molestarlas.
— ¿Q-quién eres?— alcanzó a preguntar el joven.
Ella sonrió. Comenzó a andar lentamente hacia él. Al principio este retrocedió,
pero al ver los gráciles movimientos de la joven él se detuvo y entrecerró los ojos
observándola, como si admirase los movimientos de esta. Caminaba de puntillas, con

unas zapatillas de ballet de un tono beis cubriendo sus pies. Se movía con gracia y
delicadeza, como si estuviera realizando la danza más compleja y bella que se pudiera
llevar a cabo sobre un escenario.
— Me llamo Elziah— el sonido de su voz despertó al joven, quien que se había
quedado embelesado por sus movimientos—. Y soy la reina de un mundo en el cual la
música y la danza marcan las normas que rigen mi imperio—le tendió la mano—. Ven
conmigo.
Él pensó en cuanto dejaría atrás si se marchaba con ella y, si alguna vez había
existido alguna duda, se disipó al divagar en aquella idea. Una sonrisa se dibujó en su
rostro y miró a Elziah, quien aguardaba ansiadamente que tomase su mano.
Y él, sin dudarlo, lo hizo.




Sitio web:
http://noahlloil.jimdo.com/