8/6/12

Realidade Cero con Carlos Carnicero

 Rubalcaba ante su espejo

Hay personas con una inclinación enfermiza al “si, pero no”. Intentan que el estatus de cada problema no altere las coordenadas en donde se sienten cómodos. Le ocurre a Alfredo Pérez Rubalcaba. Alfredo Pérez Rubalcaba es prisionero de su pasado. Treinta años en coche oficial crean muchas dependencias. No se sabe donde están las paradas de metro. Y si además necesita cohorte de incondicionales, la vida se convierte simplemente en un acto de resistencia para sobrevivir. Políticamente hablando.

Carme Chacón –o su marido, Miguel Barroso- le ha dado una patada en la espinilla. Va a ser la primera de una serie que le espera en la lucha por el poder interno. Cuanto más pequeño es un partido, más enconada es la disputas por los despojos. No han aprendido nada.
Comisión de Investigación de BANKIA, frente a los titubeos del secretario general del PSOE que se ha tenido que subir al barco de la política catalana. Que nadie se confunda: fuegos de artificio. Evaluación de bajas entre los nuestros y ellos. En el mismo consejo de ministros que se sentó Rubalcaba como vicepresidente, estuvo Carme Chacón aplaudiendo cada uno de los errores de José Luis González Zapatero.

Las banderías son agotadoras para quien las promueve y para quien las sufre. El PSOE cerró en falso su crisis en las elecciones andaluzas. Ese espejismo de conservar el poder les alivió de la urgencia de una enorme catarsis interna. Y ahora, como si no hubiera ocurrido nada, cada señor feudal del PSOE intenta conservar un reino que no tiene más poder que el de su influencia interna en un partido que cada vez existe menos. El principio de reducción de los partidos es directamente proporcional a su alejamiento de los ciudadanos.
No soy amigo de dar consejos. Me he quedado con las ganas de asistir a una comparecencia de Alfredo Pérez Rubalcaba, rodeado de sus fieles, en donde dijera algo muy sencillo: nos hemos equivocado de raíz en los últimos quince años. Quisimos competir en la gestión de este capitalismo salvaje. Enseñamos un señuelo –importante, pero no el único- de derechos ciudadanos y nos olvidamos de que la redistribución de la riqueza y la igualdad de oportunidades es la esencia del socialismo democrático. Hemos indultado y privilegiado banqueros, legitimando de antemano el espectáculo obsceno de una sociedad resumida en un eslogan: “bajar impuestos es progresista”. Y hemos consentido que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Ahora Rubalcaba no tiene quien le crea. Está anclado a su suelo en las encuestas y forma parte de un tándem, PP-PSOE que no entiende ni sufre ni comparte la inmensa decepción de la ciudadanía.
Rubalcaba languidece. Su cara de actor del club de la comedia exhibiendo ocurrencias y frases hechas con cara de falso pícaro ya no emocionan ni a los más suyos. Su ingenio es dramático porque carece de contenido. Ya no le sirve ser el más listo de una clase en la que no aprueba nadie.
Ni siquiera el reflejo de Hollande le permite salir del cascarón donde le metió Felipe González cuando siendo mucho más joven se montó en su primer coche oficial en el ministerio de Educación.
Esta talludo para no mirarse al espejo y decir sencillamente: me he equivocado en casi todo. No es tan difícil.



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