3/3/13

Realidade Cero con Noah LLoil

 Esperanza


Notó el viento gélido en su nuca. Suspiró, y el aire que expiró se condensó en una nube blanquecina que desapareció en la oscuridad. Ya de nada valdrían las horas ni el esfuerzo que había invertido en alcanzar su sueño, todo había sido en vano. Pero ella siempre lo había sabido, cambiar el mundo era una tarea demasiado difícil, una tarea para más de uno. ¿Y quién sería el loco que apoyaría las ocurrencias de una joven para hacer del mundo un lugar mejor? Nadie lo haría, era mejor sentarse a esperar delante de la televisión y entre aullidos y protestas denunciar al mundo desde un sofá que no lo escucharía. Era mejor así, esperar que otros hiciesen el trabajo duro.

La joven permitió que una lágrima resbalase por su mejilla mientras pensaba en porqué se habían extinguido las ganas de luchar, la revolución, el deseo de encontrar algo mejor. ¿Sería que el gobierno había agotado mentalmente a la población? ¿O tal vez fueran las largas horas de duro trabajo para sobrevivir al día a día lo que los había dejado exhaustos? Quién sabe, a lo mejor la razón era más sencilla; puede que, simplemente, se hubiesen acomodado al tener todo cuanto necesitaban, olvidándose así de los necesitados por los cuales sus antepasados habían luchado. Todo se había quedado reducido a cenizas, fueran cuales fueran las razones, la gente había perdido las ganas de luchar.

Suspiró con desgana. Entonces, cuando creía que ya no había nada ni nadie por el cual valía la pena pelear, oyó un maullido. Miró a su derecha y vio a una niña de cuclillas al lado de un contenedor de basura. A penas podía verla por la oscuridad, pero la tenue luz de una farola le permitía percibir que tenía un cabello largo y castaño, acompañado de una sonrisa cálida.

— Ven gatito— dijo amablemente—. Yo te llevaré a un hogar.

De debajo del contenedor asomó titubeante una pequeña cabeza peluda. La niña fue paciente mientras el animal deliberaba entre si sería amable o si sería una más de los crueles ciudadanos que se ganaban su cariño para luego divertirse haciéndole daño. Al final, decidió que la pequeña humana era inofensiva y, con un maullido, se acercó a ella. La niña lo acarició y luego lo cogió en brazos para llevárselo con ella.

— No te preocupes, yo te cuidaré— prometió antes de desvanecerse en la oscuridad.

Entonces, como si la venda que le había impedido ver la verdad cayese, la joven descubrió que había estado equivocada. Tal vez no existiera un gran número de ciudadanos que deseasen luchar para lograr del mundo un lugar mejor, pero había descubierto que, si se buscaba bien, podría encontrar a esas personas altruistas que sólo deseaban hacer el bien. Ni siquiera había que buscar hombres y mujeres que hiciesen grandes obras, a veces la verdadera bondad estaba en los pequeños detalles del día a día, como esa niña lo había hecho. Para encontrarlas, tan sólo había que buscar bien.

Tal vez hubiese esperanza.

Noah Lloil




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