29/3/13

Realidade Cero con NoahLloil

 

 Labios con sabor a chocolate

 

   Llevó la taza de café a sus labios y le dio un pequeño sorbo. Luego lo posó de nuevo sobre la mesa de la cafetería y se acomodó en la silla mientras pasaba una página del periódico. Pensó en que dentro de media hora volvería a su casa vacía para prepararse la cena en el microondas, ver la televisión una hora y, finalmente, acostarse en una cama tan solitaria que le hacía tiritar. Estaba cansado de la soledad.

Entonces, como si alguien oyera sus lamentos, una chica que rondaría los veinte años entró en la cafetería. Tenía un cabello castaño que recogía en un moño despeinado y unas gafas de sol que ocultaban el color de sus ojos. Ella ni lo miró, en realidad no miró a ningún cliente de la cafetería; sólo saludó al camarero y, de paso, le pidió un chocolate caliente. Después la chica se sentó al fondo de la cafetería, en una esquina, y sacó del bolso un libro bastante grueso. Después de dejar las gafas a un lado se puso a leerlo abstrayéndose del mundo real para dejar que la lectura la transportase a un lugar de fantasía. Tan sumergida estaba en la historia que cuando el camarero le trajo el chocolate, ella no se dio cuenta, pero el camarero ya parecía estar acostumbrado a esa situación pues, al ver que no se daba cuenta de su presencia, simplemente sonrió. Cuando ella reparó en la taza de chocolate, miró a la barra y luego le dio un sorbo para acto seguido continuar la lectura.
El hombre volvió a llevar la taza de café a los labios. Vio como ella cambiaba su expresión de felicidad a tristeza mientras iba pasando las páginas una a una. Pensó en acercarse a ella y saludarla, preguntarle que estaría leyendo y, si coincidía con uno que él también hubiese leído, debatir sobre los personajes, la historia, la narración... Compartir una opinión. Pero la verdad era que le faltaba valor. ¿Qué podría decirle? ¿Qué opinaría ella de que interrumpiese su lectura un simple extraño? No, no tenía el valor de acercarse a ella. ¿Pero, a la vez, cuantas mujeres se sentaban en una cafetería a leer? Eran pocas las que quedaban. Y él estaría dispuesto a todo por poder besar sus labios con sabor a chocolate, por preguntarle cual era su libro favorito, el poema que recitaba una y otra vez. Estaría dispuesto a preguntarle si vería en una cita a un loco extraño el cual había sido preso de un flechado. Pero era simplemente eso, estaba dispuesto, pero le faltaba el valor.
Y así, entre pensamientos y dudas, pasó media hora. Él se acabó el café y pidió otro, hizo que leía el periódico, aunque hacía bastante que lo había acabado. Al final, intentando conseguir un poco de valor, fue un segundo al baño con la seguridad de que cuando volviera iría directamente a su mesa. Y así lo hizo, fue al baño, salió y cuando miró a la silla en la que se encontraba la chica descubrió que estaba vacía. Sintió el peso caer sobre sus hombros, por culpa de sus dudas había perdido la oportunidad. Decepcionado pidió la cuenta, suspiró y se dirigió a su casa vacía.
Al día siguiente, a la misma hora, una joven estaba tomando un chocolate caliente en una cafetería mientras leía un libro. De vez en cuando, al entrar un cliente por la puerta, ella levantaba la mirada con un brillo especial en sus ojos, pero pronto ese brillo se transformaba en decepción al ver que no se trataba del hombre que había visto el día anterior tomando café mientras leía el periódico. Sabía que había perdido su oportunidad, que había sido su culpa, pues, cuando dejó su asiento para ir al baño, al volver él ya no estaba allí.

 NoahLloil 



 
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