9/5/13

Realidade Cero con Saul Pushkin

  A Irene, II

Y cuando por fin despierto sigues ahí,
observándome desde la distancia,
con una sonrisa en tu boca
y los ojos desorbitados,
la cara pintada, el alma rota
y los pies descalzos,
bailando y bailando y bailando,
girando y girando y girando,
jugándote el todo por el todo
en cada paso que das...

Pero hace tiempo ya que perdiste el rumbo,
parece que fue ayer
y hace tan solo un segundo,
y me pregunto como, cuando, porqué,
y no sé, ni quiero saber,
para romper las cadenas que me atan a ti
y poder seguir adelante...

sin sentir amor, ni dolor, ni pena ninguna
solo cierta nostalgia,
al recordarte, borrosa,
como en una foto recién traducida en sepia,
perdida entre las páginas enmohecidas de un álbum en blanco
que no quiero ver más,
que no quiero ver más...

Porque en quién eres ahora
apenas si queda algo de quien eras,
y de todo eso solo quedan en mi memoria algunas historias
y no sé cuantos cuentos que no quiero contar,
de cuando tu y yo traspasamos las fronteras
y no dejamos trincheras
en las que escondernos...

¿Hasta cuando?

¿Hasta cuando vas a seguir tentando a tu suerte?

¡Déjalo ya por favor! ¡Detente! ¡Detente!

Aún estás a tiempo, pero el tiempo pasa,
y cuando quieras darte cuenta
ya será demasiado tarde,
para volver a empezar y volver a empezar y volver a empezar
y volver a empezar y volver a empezar...

¡Dime! ¿Cuando ya no te quede nada ni nadie...?

¿Quien te escuchará? ¿Quien?

¿Quien de entre todos tus amigos,
los enemigos,
la familia y los conocidos...? ¿Quien?

Sólo voces y sensaciones que se escapan
por entre tus dedos,
y lágrimas, y silencio,
porque se habrán secado las palabras...

Y la visión de una cárcel enorme,
desde la celda de una más pequeña,


en donde se van consumiendo tus recuerdos
lentamente,
lentamente...

siempre la misma postal,
la misma comida, la misma cena,
la misma mesa, la misma cama,
las mismas caras, los mismos alguien,
la misma mierda...

¡Déjalo ya por favor!

¡Detente, detente, detente! 
Saul Pushkin
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