25/4/14

Saul Pushkin y el desahogo a altas horas

  Delirio interminable de la madrugada

De que sirve ser poeta cuando ya no tienes nada bueno que decir,
cuando como los demás ya solo sabes maldecir y maldecirte,
y ya no tienes tiempo para juegos ni para besos al despedirte,
y todo lo que haces para divertirte es consumirte solitariamente
entre tazas de café y noticias tristes,
con canciones aun mas tristes sonando al fondo antes de entrar a trabajar...

Y al terminar, por no llorar, sales a pasear por las calles y por las plazas
en vez de irte a casa,
parándote a observar furtivamente desde cada rincón la desazón
en las caras de toda esa gente, también enfermos del corazón,
que de repente y únicamente en eso parecen estar de acuerdo,
en querer ver medio vacío en lugar de medio lleno el vaso,
para que también tu, con ellos, te mueras de la sed y del asco
entre tanto atasco y tanto ruido, perdido en este gran desierto
que es la puta ciudad...

Para qué entonces todos estos versos, para qué entonces todos los versos,
tantos rezos, tanta fe, que perdida de tiempo, creer, soñar despierto,
y al irte a dormir saber que tendrás que despertarte otra vez mañana,
para continuar escribiendo esa maldita historia que es tu vida
y que nunca veras terminada por entero,
por que la muerte vendrá primero y se la llevara consigo lejos,
para vendérsela por fasciculos a los imbéciles que llegaran luego...

pero antes...antes aun te queda mucho por hacer, ir al medico, pagar facturas,
yo que sé, y entre mas tazas de café y mas noticias tristes
con canciones aun mas tristes todavía sonando al fondo,
le haces frente a cada día y encajas los golpes como puedes,
y te das cuenta de que ya no escribes, por que ya no sientes, por que ya no vives...

de que ya solo haces y de que por mas que quieres ya ni hacer las paces puedes,
ni contigo ni con el resto, por que las mentiras de tan grandes no te caben dentro,
y tus pretextos pasan a ser tus textos, y los silencios, textualmente, a llenarlo todo,
por que querrías disculparte, y también que se disculpasen,
por esto, por aquello y por lo otro, por tantas cicatrices,
tantas como las heridas que te quedan aun por cicatrizar, por que estas roto,
y así, así todo volvería a ser perfecto, y podrías volver a empezar,
pero...¡joder!, no tienes tiempo, ni para perdones, ni para lo sientos,
por que todo eso no son mas que tonterías, no,
no hay que escuchar la voz que hay dentro,
por que los años pasan y con ellos también las oportunidades...

y el mundo es cruel, tu ya lo sabes, por que lo has sido, y lo han sido contigo,
pero no se puede ser siempre inocente como un niño,
hay que estar rápido, siempre vigilante, siempre atento,
y te das cuenta... tu ya no eres poeta, eres actor, titiritero,
por que tu oficio no es otro que el de mantener con mucho esmero
y todo tipo de artificios, de artimañas, demás guarradas y mucho sacrificio
el teatro de tus sueños y de tus penas, en esta gran verbena para niños grandes, donde todos venden y todos compran,
algodón de azúcar, giro-ciclos, luces de colores y otras drogas...

para que se note que también ellos saben ganarse el pan y que no,
no son otro tonto de remate que por no levantar la mano en clase
cuando cree sumar, resta, y por eso en lugar de diamantes guarda mierda,
tanta mierda que solo con verborrea puede expulsar toda esa diarrea mental
que le impide ver con claridad a donde se dirige ni que fingir,
si es que acaso finge y no se aflige cada día un poco mas
con sus esques, sus peros, sus porqués por no echarle huevos y decirse la verdad...
 
 
Saul Pushkin
 
 
 
 
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